BIENVENIDAS
lunes, 1 de abril de 2013
lunes, 15 de noviembre de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
Exposición Moctezuma II. Tiempo y destino de un gobernante
Esta exposición presentará alrededor de 220 piezas, que incluyen parte medular del acervo de la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología, así como del Museo Nacional de Historia y del Museo Nacional del Virreinato, todos a cargo del INAH, así como del Museo Cuauhnáhuac, que se encuentra en Cuernavaca, Morelos. Asimismo, incluye objetos de las colecciones del Museo Arqueológico del Estado de México, a cargo del Instituto Mexiquense de Cultura. Es importante resaltar que en la muestra se exhibirán, por primera vez, una serie de artefactos y objetos que han sido recuperados en las investigaciones arqueológicas que se realizan en el Proyecto Templo Mayor.
Museo del Templo Mayor
Seminario 8, Centro Histórico
A partir del 22 de junio. De martes a domingo de 9:00 a 17:00 horas. Visitas guiadas previa reservación al teléfono 5542 4784.
Fuente: Conaculta
4° Gran Remate de Libros en el Auditorio Nacional
Junio 22, 2010 por Philippe Saez
Post en ARTE y CULTURA, GENERAL
El tradicional Gran Remate de Libros de la Secretaría de Cultura del martes 22 de junio, 2010 – lunes 28 de junio, 2010 10:00 hrs
En este tradicional Gran Remate, encontrarán libros desde 5 pesos y descuentos hasta del 70%, más de 150 sellos editoriales, 800 mil visitantes y mucho más en el 4to.
Fecha/hora: del martes 22 hasta el 28 de junio
Costo: entrada libre
Lugar:Auditorio Nacional.
Calle:Paseo de la Reforma # 50-Bosque de Chapultepec
Deleg.:Miguel Hidalgo
martes, 8 de junio de 2010
Mi hijo no quiere dormir solo
A los niños les gusta dormir con sus padres: les reporta seguridad, confianza y cariño. Pero desde el año de edad, lo mejor es que tu hijo cuente con su propia habitación (siempre cerca de la tuya o conectados mediante un interfono) para que se acostumbre cuanto antes a dormir solo.
El problema surge cuando el niño llora o se niega a dormir solo, llegando a levantarse de su cama para ir a la de sus padres. Muchos padres acaban cediendo ante la presión de ver a su hijo llorar o cuando el cansancio les puede, ya que después de todo el día trabajando, no es fácil ponerse firmes. Pero excepto en ocasiones especiales –si el niño está enfermo- esto es perjudicial para su desarrollo. Puede llegar a hacerle excesivamente dependiente e incapaz de pasar, más adelante, una noche fuera de casa.
Incluso si tiene una pesadilla, lo mejor es que estés con él mientras se le pasa el susto, que le ayudes a tranquilizarse y a dormir de nuevo, pero siempre en su cama. No es bueno que cada vez que le ocurra algo, asocie el ponerse bien y recuperarse con la cama de sus padres, ya que esto le hará creer que sólo allí estará a salvo.
¿Cómo lograr que duerma solo?
- Una vez tomada la decisión, debéis manteneros firmes los dos. Si ve que uno de los dos duda, lo notará y se aprovechará de ello.
-Para hacer el cambio más fácil, haz su cuarto atractivo para él. Decora las paredes con sus personajes de dibujos animados, llena la habitación de juguetes… Haz que se sienta cómodo en ella y que quiera pasar tiempo allí.
-Si se levanta y va a tu habitación, mantente firme y devuélvele a la suya.
-Si se mete en tu cama cuando estáis dormidos y no os dais cuenta hasta la mañana siguiente, puedes probar varios trucos:
-Cuelga una campanilla en la puerta de su habitación o de la tuya para que le oigáis al empujarla.
-Arrebújale en las sábanas de forma apretada o coloca las almohadas en tu cama de tal forma que le sea imposible subirse sin despertaros.
-Bloquea la puerta con algo que le permita entrar si pasa algo, pero que le obligue a hacer ruido para que le oigáis.
-Recompensa a tu hijo cada noche que duerma solo. No se trata de que le hagas un regalo cada día, sino de que le alabes o le des un fuerte abrazo, haciéndole ver lo orgullosos que os sentís de él porque ya se porta como un niño mayor.
-Si nada de esto funciona y tu hijo es incapaz de dormir solo en su cuarto, buscad la ayuda de un profesional que os ayude a investigar la causa por la que tu niño teme dormir solo y a buscar la solución.
FUENTES: Enseña a dormir a tu bebe, Clínica del Sueño Infantil Millpond.
Redacción: Irene García.
No quiere dormir solo
Actualizado lunes 18/05/2009 19:33 (CET)
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No sabemos qué es lo que pasa. De momento le hemos llevado a nuestra habitación, donde duerme plácidamente toda la noche. Se acuesta siempre a las 10 y no presenta problemas a la hora de irse a dormir. Simplemente, entra en su habitación primero y casi inmediatamente sale de ella diciendo que se va a la cama grande, pero no presenta temor inicialmente al entrar en su habitación y durante el día puede permanecer en la habitación solo.
En principio, pensamos que a lo mejor a esa hora algún vecino ponía música, pero nosotros no oímos nada. A él le hemos dicho que habrá alguna banda ensayando y que hasta que se cambien de sitio se puede venir a nuestra cama, pensando que a lo mejor ha tenido alguna pesadilla y ahora le da miedo dormir en su habitación.
RESPUESTA.- El tener miedo a la hora de quedarse solo en la cama por la noche es una consulta muy frecuente en psicología y psiquiatría infantil.
En la mayoría de las ocasiones se trata de miedos evolutivos, no patológicos que adecuadamente tratados pasan con el tiempo sin mayor dificultad ni problemas asociados. Dado el corto espacio de tiempo que viene ocurriendo, convendría descartar que no haya ocurrido ningún acontecimiento vital estresante en la vida del niño, ni cambios súbitos en sus horarios o en el de la familia.
Para los padres es necesario llevar a cabo actividades que fortalezcan la autonomía de los niños. El lograr volver a dormir solo es algo importante para los niños que presentan miedo a dormir solos. Realizar esfuerzos progresivos por permanecer en la habitación es una tarea que requiere empeño por parte de los niños pero también de los padres. El reforzar esta tarea progresiva con elogios y consecuencias positivas ha de hacerse de forma diaria.
Frecuentemente el mantener al niño durmiendo con los padres fuera de su cuarto (aunque alivie el temor por las noches), le dificultará comenzar a enfrentarse a la situación temida y en poco tiempo hará que encuentre numerosas ventajas y beneficios que dificultarán aún más la vuelta a su cuarto.
Suele ser recomendable volver a enseñar su hijo las ventajas de dormir solo en su propio cuarto para intentar motivarle al cambio y al tiempo, poner en marcha estrategias que le ayuden a conseguirlo: iniciar la entrada al dormitorio acompañado por uno de los padres (importante, sin meterse a la cama con él, es su hijo quien debe dormir solo), leerle un cuento o mantener una agradable charla tranquila. Algo fácil, agradable y momentáneo que continúe aportándole el privilegio de la compañía y atención de sus padres y le ayude a relajarse en la situación temida.
Le recomiendo que consulten con el pediatra habitual de su hijo para descartar posibles problemas asociados. Si esta situación persistiera en el tiempo, el pediatra podría derivarles a una consulta especializada por parte de un profesional de psiquiatría o psicología infantil con el fin de que les aportara a ustedes las pautas necesarias para ayudarle.
Juan José Carballo
Psiquiatra infantil y de la adolescencia de la Fundación Hospital Jiménez Díaz de Madrid,
Problemas Nocturnos
El niño que no quiere dormir, Pesadillas y Terrores Nocturnos
1) EL NIÑO QUE NO QUIERE ACOSTARSE
Cuando los niños se hacen mayores, su vida social adquiere preponderancia. No obstante, todos los niños deben tener su hora de acostarse y si se quiere paz en casa, los padres no pueden transigir en esta cuestión. Los padres que dicen «chicos, ¿no creéis que ha llegado el momento de acostarse?>>, han declinado su responsabilidad y sus hijos no se acostarán a la hora adecuada. Los padres que siempre permiten al niño permanecer levantado «sólo un poco más», tendrán siempre problemas con el momento de acostarse. De haber la menor posibilidad de transigir, los niños más nerviosos se agarrarán a ella. De ahí pues que para muchos padres, conseguir acostar a sus hijos es una más de las batallas al final de un largo día, justo en el momento en que ellos necesitan tiempo para sí mismos.
Para los padres novatos, seguir los consejos que se explican aquí, puede zanjar los problemas nocturnos antes de que empiecen. Si la hora de acostarse ya es un problema, será necesario planificar nuevas iniciativas para conseguir que el niño duerma. Es importante decidir lo que se hará, que el niño sepa que el cambio es inminente y que el día 1 hay que poner el plan en marcha.
Decidir cuando hay que acostarse
Se debe decidir el momento preciso en que el niño debe acostarse y, una vez decidido, proceder con firmeza. Esto no significa que los padres deban ser absolutamente rígidos e insistir en que el niño debe estar siempre en la cama a las ocho en punto, aunque justo en aquel momento acabe de llegar papá o esté en casa el tío José. Sin embargo, cuanto más capaces sean los padres de concretar el momento de acostarse, más fácil será conseguir que el niño se duerma a una hora fija.
Importante: No utilice la palabra «oscuro» para indicar el momento de acostarse, porque en verano con la luz de día esto será causa de problemas.
Crear hábitos para ir a dormir
Los niños encuentran seguridad en la rutina. Les gusta la seguridad de lo habitual y es importante disponer de ciertos objetos con los que pueden contar. Por ejemplo, tener su martillo azul en la cama, junto a él, cada noche. Besar a todo el mundo antes de irse a su habitación y después todo el mundo tiene que ir a darle un beso cuando ya está en la cama; a otros les puede gustar colocar todas sus muñecas bajo la manta, junto a ellos.
Tanto los rituales como los detalles reconfortantes de seguridad, tales como mantas viejas o perros de trapo, de los que dependen algunos niños, les sirven para separarse de los seres queridos y pasar del estado de vigilia al de sueño.
Los padres no deben reírse de los hábitos del niño, pero por otra parte, tampoco deben consentir que se vuelvan demasiado pesados. Se ha de limitar el número de juguetes que el niño se lleva a la cama, por ejemplo, se puede llevar un libro y un juguete, que escoja. Algunos niños alargan esto demasiado, lo que comporta quince minutos adicionales para conseguir que, por fin, se vayan a la cama.
Hábitos nocturnos regulares
A los niños siempre les gusta saber lo que ocurrirá un instante después de ahora. Unos hábitos nocturnos regulares conseguirán que el niño sepa que el momento de acostarse se acerca y que ha llegado el momento de parar. Se puede seguir esta guía para establecer una rutina nocturna.
- Simplificar: Tomar en consideración el horario de la familia y las preferencias del niño. No comenzar con normas que después no se seguirán. La rutina de acostarse debe proporcionar una sensación de seguridad cálida, un final del día confortable. Se discutirán por encima las incidencias del día que termina y se planearán cosas para el día siguiente. Preparar sus ropas para el día siguiente, junto a los libros, será de utilidad para niños más crecidos. Leer un cuento o comer una galleta ayudará a otros niños a entender que ha llegado el momento de acostarse. Utilizar señales que hagan patente la rutina.
- El niño debe saber cuándo empieza la rutina del momento de acostarse. Puede ser tan simple como decir «el momento de irse a la cama es el momento en que termina tal o cual programa de televisión». O se pueden intentar señales visuales. Por ejemplo, dibujar un círculo en una hoja de papel de color, dividirlo en secciones clasificadas como hora de jugar, hora de acostarse y hora de los cuentos. Hacer una flecha de papel y fijarla en el centro del círculo. Señalar con la flecha en la sección apropiada cuando llegue el momento. O se puede dibujar un reloj con las manecillas señalando el momento de acostarse y colocarlo cerca del reloj real. Cuando las manecillas del reloj real coincidan con las del reloj casero, el niño sabe que es el momento de irse a la cama.
- Mantener al niño calmado. Las peleas o los juegos muy activos inmediatamente antes de irse a la cama, no preparan al niño para dormir.
Media hora antes de acostarse, el niño debe encontrarse relajado para cuando llegue el momento. Más que una guerra de almohadas o un juego de pelota serán unas costumbres sosegadas que incluyan la higiene habitual, la lectura, la narración de cuentos o la música. Todo esto, que suaviza el momento de acostarse, también debe seguirlo la persona que se ocupe del niño o la abuelita, cuando ponga al niño en la cama, o cuando es más tarde y el niño, agotado, precisa una ayuda adicional para conseguir una noche de calma.
- Hacerlo especial. Lo ideal sería que el momento de acostarse fuera cálido y acogedor. Tanto para los padres como para el niño es un momento de calor y de seguridad. A muchos niños les encanta escuchar una y otra vez el mismo cuento antes de irse a la cama. A otros les complace escuchar cuentos inventados, mientras que a otros les divierten las canciones infantiles como costumbre en el momento de acostarse.
- No hay que pensar que los niños algo mayores no necesitan estos hábitos. Incluso a los preadolescentes les encanta que les lean o bien les gusta utilizar estos momentos para charlar de algo importante o preguntar algo antes de que se convierta en un problema. El momento de acostarse es una excelente oportunidad para los padres de acercarse a sus hijos. Los hábitos al acostarse, que comienzan en edad muy temprana ayudarán al niño toda su vida. Algunos niños adquieren el hábito de leer, otros escriben su diario o planifican el día siguiente. Otros hacen ejercicios de relajación.
- Se ha de ser flexible, pero también se ha de saber cómo terminar las costumbres rituales. Si no se sabe cómo tomar la decisión final cuando ha llegado el momento de apagar la luz y de dormir, la rutina nocturna puede convertirse en algo cansado o interminable. Los padres no deben permitir evasivas por parte del niño, ni dejarse convencer de seguir leyendo «un cuento más». En vez de esto, se ha de anunciar de antemano las historias que se leerán aquella noche y aferrarse a lo que se ha dicho. Si trazar límites es un problema para algunos padres, éstos pueden apoyarse en otras ayudas, como su propio reloj o un minutero. Hay que decir al niño que «cuando el reloj marque las 9:30, ha llegado el momento. Luces apagadas o en 15 minutos, el reloj sonará, lo que significa apagar la luz».
Hablar con el niño de sus miedos y angustias
Cada individuo, incluyendo los niños, tiene temores que tienden a manifestarse de noche. Los padres deben animar al niño para que hable de sus problemas y preocupaciones, a fin de poderlos solucionar, ayudando a que se duerma, e intentar también, un ligero masaje en la espalda.
Hacer frente al hecho de levantarse continuamente
Los padres han seguido los hábitos v rituales del momento de acostarse. Cristina se ha metido en la cama hace unos instantes, pero ya no está en ella. Después de diez minutos, ya vuelve a estar en el salón, pidiendo un zumo. Los padres deben intentar seguir las técnicas descritas aquí. Para algunos niños, una puede bastar, para otros será necesario aplicarlas todas para conseguir que permanezcan en la cama.
- Llévele a la cama y ponga un despertador que suene al poco tiempo. Dígale que regresará a su habitación antes de que suene. Gratifíquele con un masaje en la espalda por permanecer en la cama. Gradualmente, alargue el tiempo que debe permanecer en la cama antes de obtener la recompensa, ya sea un masaje en la espalda o un helado para desayunar. Si es necesario, utilice de nuevo el minutero, y después siéntese v léale hasta que el niño se haya dormido.
- Enseñe al niño cómo irse a la cama. Algunos niños pequeños no consiguen relajarse lo suficiente par poder dormir, por lo que se les pueden enseñar las técnicas de respiración y de relajación. Los padres pueden acostarse un rato al lado del niño y hablarle de lo que hay que hacer para quedarse dormido. Dígale que cierre los ojos y en un tono de voz suave cuéntele el cuento de cómo las olas del mar se siguen unas a otras para jugar y vuelven a casa una y otra vez. Recuérdele que debe echarse y quedarse quieto y tranquilo, con los ojos cerrados y recordar las olas. También se puede usar la imaginación para pensar en sus propias escenas para quedarse dormido.
- Colocar junto al niño todo lo que se necesita para la noche: un vaso de agua, una cajita con una linterna, su juguete favorito y un cassette o la radio para escuchar antes de dormirse.
- Para los bebés que aún permanecen en la cuna pero son lo suficientemente mayores para hablar, los hábitos nocturnos, a menudo, requieren actos más definitivos que exigen decisión por parte de los padres. Supongamos que se les ha arropado y se les ha dado un beso de buenas noches por cuarta vez, mientras se abandona la habitación diciendo: «Buenas noches. Me voy a la cama>>. Se debe cerrar la puerta y no volver atrás, aunque el niño llore (a menos que se pueda pensar que el niño se encuentra realmente mal) durante veinte minutos. Si después de veinte minutos el niño aún llora, se ha de volver a su habitación indicándole que se duerma. Besarle y salir de nuevo durante otros veinte minutos. Si es necesario, hay que repetir esta rutina cada noche, hasta que el niño perciba que su táctica no da resultados. Importante: si el niño cesa de llorar, no regrese a su habitación para comprobar qué ocurre hasta estar seguro de que el niño está profundamente dormido o, de otro modo, el niño reincidirá.
- Utilizar un gráfico. Un gráfico del momento de acostarse es eficaz para los niños, permitiéndoles ganar puntos para alguna recompensa deseada. Al principio, los padres deben dar puntos por permanecer en la cama durante cinco minutos, después se ha de prolongar gradualmente el tiempo requerido para acumular los puntos necesarios.
- No discuta. Si el niño suele salirse con la suya, será preciso aplicar consecuencias negativas: pérdida de privilegios al día siguiente o acostarse más temprano la próxima noche.
Debemos reforzar la cooperación del niño
Utilizando palabras y acciones, hay que dar al niño respuestas positivas por su cooperación en el momento de acostarse. Planificar la rutina y llevar a cabo el plan completo a la vez. Puesto que a veces es difícil modificar comportamientos establecidos, se puede necesitar, de entrada, ofrecer recompensas, quizás utilizando el gráfico del momento de acostarse si este momento se ha convertido en la lucha de cada noche. Se pueden dar puntos por respetar las costumbres del momento de acostarse y porque el niño ha permanecido en la cama, antes de dormirse. Al principio puede darse al niño una recompensa cada noche. Las recompensas pueden incluir, por ejemplo, un programa extra de televisión la noche siguiente, sábanas especiales, chocolatinas debajo de la almohada o un caramelo antes de acostarse, al día siguiente. Entretanto el niño acumulará puntos para una recompensa mayor que le costará más esfuerzo ganarse. Las grandes recompensas se escogerán entre el «menú» de cosas o actividades que los padres saben que el niño quiere.
2) TERRORES NOCTURNOS Y PESADILLAS
LOS NIÑOS CON TERRORES NOCTURNOS
Las pesadillas y los terrores nocturnos son dos cosas distintas. Al contrario que las pesadillas, los terrores nocturnos no son sueños que produzcan miedo ni el resultado de la actividad del sueño. En su lugar, se cree que reflejan etapas inmaduras del sueño, en las que el niño tiene dificultad para hacer la transición del sueño profundo al sueño más superficial.
Aunque el niño con terrores nocturnos no los recuerde, estos episodios nocturnos pueden ser sumamente preocupantes para los padres. Muchos niños sollozan o gritan, se agitan o corren por toda la casa con los ojos abiertos, pero sin ver y sus oídos parecen no percibir las palabras tranquilizadoras de los padres.
Poco es lo que se puede hacer para ayudar al niño durante un terror nocturno. Se debe simplemente esperar a que cese y recordar que no ha sido causado por las tensiones y que no tendrá efectos traumáticos ni duraderos para el niño.
Tranquilizarle
Abrace al niño, cálmele y pásele una toalla refrescante por la cara. Los padres sentirán que están haciendo algo útil y esto tranquilizará al niño mientras pierde su mirada perdida y empieza a volver a la realidad, preguntándose qué pasa.
Regule los horarios de sueño
Para ayudar al niño a desarrollar un patrón de sueño más maduro. asegúrese de que tiene un horario regular de sueño y que descansa lo suficiente.
Consulte a un profesional
A pesar de que los terrores nocturnos no son en general significativos existe sin embargo la posibilidad de que sean síntomas de alteraciones neurológicas. Para verificar este extremo, al mismo tiempo que las pesadillas muy molestas, habría que comentarlo con el médico. Si los terrores se producen con mucha frecuencia, el médico puede sugerir aliviarlos con una medicación cuidadosamente controlada.
LOS NIÑOS QUE TIENEN PESADILLAS
Las pesadillas, al contrario que los terrores nocturnos, pueden ser aterradoras para el niño y también para los padres v son resultado de sentimientos de inseguridad, ansiedades, miedos o preocupaciones. Son reacciones de miedo comunes y normales a los sueños desagradables que se inician normalmente a los tres años de edad, teniendo su punto máximo a las edades de cuatro y seis años.
Las niñas son susceptibles de padecerlas más tarde que los niños. Un 28% de los niños con edades comprendidas entre los seis y doce años, tenían pesadillas. Alrededor de los diez años, la frecuencia de estos sueños desagradables se incrementa otra vez, para remitir más tarde. Las pesadillas difieren de los terrores nocturnos en otros aspectos: mientras que el niño transpira, grita y respira agitadamente al experimentar una pesadilla puede ser despertado rápidamente y se acordará del sueño o de partes del sueño.
Los sueños pueden estar inducidos por enfermedades y por el dolor, sobreexcitación, miedo v ansiedad, programas violentos de televisión o por amenazas enfermizas por parte de los padres. Aunque el niño puede no ser capaz de indicar exactamente qué le está afectando, pueden sacarse algunas claves a partir de su comportamiento conversando con él. Cualquiera que sea la causa, los niños inseguros, preocupados o con ansiedad tienen más probabilidades de tener pesadillas.
Tranquilícele y déle seguridad
Lo que los padres pueden hacer por un niño que sufre pesadillas es despertarle, tranquilizarle y darle seguridad, decirle que todo va bien, que no ocurre nada. Acariciarle y mecerle, pero no dar demasiada importancia a la pesadilla, puesto que de otro modo podría aprender a utilizarla como mecanismo para atraer la atención. No es importante, en este momento, comentar el contenido del sueño.
Evite la excitación excesiva
Los niños deben tener un periodo de calma v relajación antes de acostarse, no permitirles que vean programas de televisión violentos o de terror, no contarles historias de miedo ni permitir que realicen actividades físicas violentas. Las experiencias de muchos padres sugieren que es de gran ayuda limitar la TV.
Comente problemas, miedos y acontecimientos que produzcan tensión
Use la conversación v los sueños como datos de cualquier problema que esté sufriendo el niño. Háblele durante el día de sus pesadillas, e intente aliviar sus miedos e inquietudes. Sea previsor y prepare al niño con antelación para acontecimientos que sean susceptibles dc causarle tensión, tales como la vuelta a la escuela después de las vacaciones o el salir de viaje. Los miedos en los niños son muchas veces causados por la falta de información.
Tome medidas para las pesadillas repetitivas
Si el niño tiene el mismo sueño una y otra vez, puede estar seguro de que siente ansiedad por algo. Anímele a que hable de su sueño y lo represente despierto, pero con un final feliz.
Prepare una estrategia nocturna
El saberse defendidos de la pesadilla ayuda normalmente a los niños más mayores. Proporciona seguridad el dejar la luz encendida por las noches. Algunos niños pueden luchar mejor contra sus pesadillas rezando una oración determinada cada noche pidiendo protección contra los monstruos; abrazar y dormir con el peluche favorito, etc.
3) ¿COMO AFRONTAR PROBLEMAS NOCTURNOS?
Permitir que el niño duerma regularmente en la habitación de los padres puede provocar problemas graves. En muchos casos, los padres lo consideran un hábito difícil de interrumpir cuando se ha iniciado.
Orientaciones para devolver al niño a su cama:
1.- Si el niño va hasta la habitación de sus padres, hay que hacerle volver a su cama y meterlo en ella sin demasiadas contemplaciones. Los padres han de ser firmes.
2.- Se puede utilizar la "táctica de los apretujones", la finalidad es hacer que el niño se sienta incómodo en la cama ajena y que la suya vaya siendo más atractiva. Consiste en empujarle hacia fuera de la cama, dejándole cada vez menos espacio en la cama, apretujarle sin hacerle daño, darle una patada suave,...
3.- Utilizar recompensas por el hecho de dormir solo o los progresos hacia esa meta. Asegúrese de expresar lo orgulloso que se está de él y que es un "chico mayor". Préstele una atención especial y sea cariñoso con él durante el día.
4.- Hacer su habitación más atractiva, no significa redecorarla sino cambiar algunos aspectos y que el niño sea participe de ellos.
5.- Establecer un horario regular de sueño.
6.- Antes de dormir contarle algún cuento. Se le puede contar alguno relacionado con el problema.
7.- Se puede utilizar un contrato en el que tendrá algún premio por dormir en su habitación, se marcará en un almanaque los días que ha tenido éxito, acordando previamente el premio a final de mes, si se comienza con refuerzos continuos pasar poco a poco a refuerzos intermitentes.
miércoles, 19 de mayo de 2010
Cómo deben lavarse las manos los niños
Posted: 10 May 2010 02:00 AM PDT
Desde que son muy pequeños, debemos enseñarles la importancia del lavado de manos. Es un hábito indispensable para la salud de nuestros hijos pues contribuye a prevenir enfermedades e infecciones, así que será muy útil que les enseñemos a los niños cómo deben lavarse las manos.
Cuanto antes aprendan a lavarse las manos, más incorporado estará en sus hábitos de higiene diaria.
Si son muy pequeños podéis comprar un taburete para que lleguen cómodamente al lavabo y enseñarles a que os llamen para abrir el grifo. Compradles un jabón líquido con dispensador para que ellos mismos puedan colocarse unas gotitas en la palma de la mano y seguid las siguientes instrucciones para el lavado de manos.
El lavado debe durar entre 40 y 60 segundos.
Primero deben mojarse las manos, colocar jabón en la palma de la mano (suficiente pero sin abusar, un par de gotas para el tamaño de sus manos estará bien) y comenzar frotando las palmas de las manos entre sí y también con los dedos entrelazados.
Luego limpiar los dorsos de ambas manos con la palma de la mano contraria, limpiando también entre los dedos.
No hay que olvidarse del dedo gordo. Se limpia cogiéndolo entre los dedos de la mano contraria y haciendo un suave movimiento de rotación. Repetir con la otra mano.
En caso de tener suciedad debajo de las uñas o como mínimo una vez al día, limpiárselas con un cepillo de uñas (que sea blandito, hay algunos infantiles muy chulos).
Una vez que hayan terminado el enjabonado es muy importante que se enjuaguen abundantemente para retirar los restos de suciedad y células muertas (si quedan pompitas de jabón, no vale).
Después deberán secarse muy bien. En casa lo harán seguramente con una toalla de lavabo (que dicho sea de paso hay que lavarla con frecuencia), pero cuando están fuera de casa lo más aconsejable es que utilicen una toalla de papel de un solo uso.
Cuando se hayan secado bien, lo ideal sería que si ya tienen edad para cerrar solos el grifo, lo hicieran usando la toalla de papel para no poner en contacto las manos limpias con los gérmenes que pudiera tener el grifo.
Este proceso debería repetirse varias veces al día: antes de comer, antes y después de ir al baño, luego de tocar animales, antes de tocar a un bebé y siempre que estén sucias, lo cual hablando de niños es bastante habitual.
miércoles, 7 de abril de 2010
¿Cómo hago para que mi hijo duerma en su cama?
Este tema suele preocuparnos, porque es frecuente que los nenes pasen de su dormitorio al de los papis, instalándose en el medio de ambos.
Cada hábito aprendido tiene su historia en cómo fue transmitido para que se aprendiera de esa forma.
Si bien esto es cierto, también lo es que mamá y papá son las personas que cuidan, acompañan, calman y miman a su hijo, por lo que se constituyen en las principales figuras de apego que el niño tiene.
Contribuye a esta necesidad del niño de prolongar el tiempo que está con sus papis, que éstos trabajan durante el día y el hijito los ve menos tiempo del que los necesita.
Sus padres se despiden temprano por la mañana o directamente cuando él se levanta ya no están en casa.
El niño queda en compañía de abuelos, o de la niñera, y si bien está cuidado, extraña la presencia de ellos.
En el Jardín se entretiene y aprende cosas nuevas, pero los mantiene presentes, por ej. Cuando al jugar en la casita imita papá y a mamá, o maneja los autitos recordando el estilo y los lugares que visita con ellos en sus paseos.
Por la tarde llega el momento de encontrarse nuevamente cuando lo retiran del jardín, y si esto no es posible, más tarde en la casa.
El tiempo que queda antes de bañarse, o la cena anticipada en el caso de los papis que así lo deciden para disponer de un momento exclusivo para la pareja, resulta siempre escaso en relación a la necesidad afectiva del niño.
Esto genera que el hijo voluntariamente o no, encuentre “otros momentos” para prolongar la compañía de ellos mediante esas pasadas de cama.
Los padres tenemos que revisar nuestra forma de vida para comprender cada situación en particular.
Con esto queremos afirmar que cada situación es diferente y no es adecuado generalizar.
No todos los niños se pasan a la cama por el mismo motivo.
No interpretemos “la venida a la cama” como un capricho del niño sino como una necesidad.
Primero como padres debemos evaluar qué es lo que sucede a nivel ambiental, familiar, físico, escolar, etc.
En principio calmarlo con el abrazo, que nos encuentre dispuestos, que a pesar de nuestro cansancio y necesidad de sueño podamos contenerlo si llora, escucharlo si necesita contarnos algo, y no retarlo porque se ha pasado de cama.
Luego lo llevamos nuevamente a su cama, y le explicamos que es allí en donde debe dormir, y que si necesita algo nos avise, ya que estamos muy cerca.
Es importante des-dramatizar las situaciones de vida para que cada aprendizaje y adquisición se viva más como un logro que como un problema.
• Ante todo no retarlo, sino contenerlo con afecto y luego llevarlo nuevamente a su dormitorio.
• Si pide compañía durante un rato, dársela para que pueda volver a dormirse tranquilo con la presencia de los padres.
• Explicarle el tema de los lugares y la importancia de estar con uno mismo.
• Permitirle que vaya a su cama con su juguete preferido que puede ser o imitar su objeto de apego.
• Acudir cuando llama.
• Turnarse entre padre y madre para esta tarea, ya que enseñar a dormir es parte de la responsabilidad parental (siempre que las actividades y horarios de los padres lo permitan).
Esto es nocivo para la pareja conyugal pero mucho más lo es para el niño que aprende que con sus “berrinches” logra lo que se propone y efectivamente separa a los padres.
Cuando el niño entiende que aunque se pase de cama van a llevarlo nuevamente a su cuarto y a su cama, terminará aceptando que ésta es su lugar y le parecerá agradable estar allí.
viernes, 13 de noviembre de 2009
Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil
La Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil (FILIJ) se presenta en su edición número 29 en el Centro Nacional de las Artes donde permanecerá hasta el lunes 16 de noviembre.
Esta feria que a su vez se une a las celebraciones del 30 aniversario del día nacional del libro, ofrece una serie de actividades que de 10:00 a 20:00 se ofrecen de manera gratuita a los visitantes.
Entre estas se encuentran la sala de lectura por parte de la Biblioteca Vagabunda del Instituto de Cultura de Morelos, así como el taller de animación a la lectura y escritura.
El programa se complementa con actividades artísticas de teatro, danza, además de otras como sesiones de cuentacuentos, cuenta leyendas, presentaciones de editoriales y algunas charlas.
Este evento se realiza como cada año con con el propósito de fomentar la lectura en los niños y jóvenes, convirtiéndose así en un suceso anual en el que se invita a la familia a avivar el deseo de leer en las nuevas generaciones.
Visita el Micrositio de la FILIJ que el CONACULTA ha creado para mayores informes.
sábado, 17 de octubre de 2009
Consejos de seguridad para disfraces de Halloween
| Los chicos no esperan las horas para ponerse sus disfraces y salir a pedir caramelos. Es su ilusión, así es que hay que darles gusto. Elegir el disfraz es lo más importante, así también el diseño de maquillaje para el rostro o la máscara. Los niños piden lo más espectacular como siempre, y tú como madre/padre, debes equilibrar los gustos de tu hijo con la seguridad del traje. A la hora de comprar o alquilar un disfraz para halloween, ten presente: - Que el disfraz sea liviano, respirable y lo suficientemente holgado para que tu hijo se sienta cómodo y pueda moverse con facilidad y seguridad con él. - Que sea colorido para que no pierdas a tu hijo de vista en la noche. Si es fosforescente, genial. Si es obscuro, pégale o cósele algo que lo haga notar en la obscuridad. Truco: si no quieres “arruinarle” el traje, dale unos brazaletes que brillan en la obscuridad. - Si es un disfraz alquilado, haz que tu hijo use prendas interiores que protejan su piel del contacto directo con el disfraz. - Si entre los accesorios del disfraz hay espadas, cuchillos y otros similares, asegúrate que sean totalmente de plástico y no tengan filos cortantes. - Dentro de la prenda, coloca el nombre, la dirección, el teléfono u otra seña en caso tu hijo se perdiera de vista. - Asegúrate que las pelucas, barbas y máscaras no estén hechas de materiales inflamables. Respecto a las máscaras, éstas no deben obstruir la visión de tu hijo. ¿Tienes otro consejo más sobre el uso de disfraces de Halloween? Compártelo con nosotros. |
viernes, 21 de agosto de 2009
Cómo decirles que no sin decir “no”
Posted: 13 Aug 2009 03:56 AM PDT
Tenemos que empezar por comprender que los niños no entienden en el “no” de la misma manera que los adultos.
Para ellos el “no” es una negativa tajante a sus deseos. Quiero hacer tal cosa pero no me dejan, no soy libre de hacerlo. Al decirles que no provocamos una frustración en el pequeño en plena etapa de reafirmación de su autonomía que se traduce en pataletas, rabietas, llantos y enojos.
Como padres, somos nosotros quienes debemos intentar resolver esta frustración sin por eso dejarles hacer lo que quieran o acceder a todos su deseos.
Es decir, aprender a decirles que “no” pero de una forma positiva para poder lograr el mismo objetivo pero sin generar una reacción negativa en nuestros pequeños. Esto es utilizando lo que se llama la disciplina positiva.
Es un sencillo ejercicio que podemos comenzar a poner en práctica. Intentemos hacer un esfuerzo por decir que “no” cada vez menos veces al día y veremos como da buenos resultados en la vida cotidiana.
Veamos algunos ejemplos de cómo podemos convertir una respuesta negativa en una positiva.
Ejemplo 1
Es la hora de comer y Pablito quiere salir a dar un paseo en bicicleta justo cuando está la comida lista y la mesa puesta.
- Mamá, ¿puedo ir a dar un paseo en bicicleta?
- Claro, Pablito, podrás ir en cuanto termines de comer.
En lugar de decir “ahora no, ¿no ves que estamos a punto de comer?”, ofrecemos una solución positiva.
Ejemplo 2
Pablito va felizmente en bici por una calle por la que circulan muchos coches. (Los niños pequeños no son tan conscientes del peligro como los adultos).
En lugar de decir “Pablito, no vayas por la calle porque es peligroso”, podemos optar por “Pablito, es mejor que subas a la acera. En la calle hay muchos coches”.
Así eliminamos el “no” de la frase y ofrecemos una alternativa más segura para el pequeño.
Ejemplo 3
La mamá de Pablito está súper ocupada con las tareas de la casa y Pablito quiere que su madre arme con él su puzzle favorito. En es preciso momento en el que Pablito lo reclama, su madre no puede jugar con él.
- Mamá, me ayudas a armar un puzzle.
- ¡Buena idea, Pablito! Puedes ayudarme tú primero a hacer la colada y cuando hayamos terminado armamos el puzzle que tanto te gusta.
En lugar de decirle “ahora no, estoy muy ocupada”, respuesta que seguramente causaría una reacción negativa en el niño, planteamos una nueva situación a la vez que fomentamos que el pequeño colabore en las tareas del hogar.
Como estas tres, hay infinitas situaciones que se nos presentan a lo largo del día con nuestros hijos. Si contáramos cuántas veces les decimos que no en un día seguramente nos sorprenderíamos.
Por eso, os propongo intentar transformar el “no” a través de sencillas fórmulas como las que he mencionado arriba y me encantaría que luego compartierais vuestras experiencias con los lectores a través de los comentarios.
martes, 11 de agosto de 2009
Para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar
Los papás y mamás actuales se encuentras muchas veces desbordados. El ritmo de vida que les arrastra les deja poco tiempo para la reflexión y las pautas educativas han cambiado tanto en tan poco tiempo que es difícil saber como actuar en las circunstancias complicadas. A los niños les compramos muchas cosas y los apuntamos a muchas clases, a los pequeños los estimulamos pero nos cuesta renunciar al ocio adulto para jugar con ellos.Cansados, caemos en los gritos, la impaciencia y los castigos, porque no sabemos como manejar las situaciones. Y es que para ser buenos padres hay algunas cosas que no pueden faltar.
Lo primero es tener autocontrol. Nos enfadamos con las rabietas, caprichos y regresiones de los niños, si lloran o gritan o patalean. Les exigimos un autocontrol que aun ellos no tienen. Y lo hacemos gritando, poniéndons furiosos y atacados de los nervios. Los adultos somos nosotros y si no hemos aprendido a estas alturas a controlarnos ya es hora de empezar a hacerlo. Nosotros tenemos que aprender a controlarnos y a organizar nuestras vidas de un modo que nos lo permita disfrutar de esa mínima calidad de vida, en vez de montar en cólera si un pequeñín se ve desbordado por el cansancio o las emociones.
Además hace falta mucha coherencia. Los niños no aprenden de lo que les decimos que está bien o está mal. Los niños aprenden de lo que hacemos. Seamos coherentes y no digamos algo que no somos capaces de cumplir. Nada mas ridículo y vergonzoso que un padre gritándole a un niño pequeño que como vuelva a pegarle a su hermanito le parte la cara. O el que amenaza con cosas que no cumplirá, miente descaradamente para que el niño obedezca y se comporta de un modo maleducado y poco cívico mientras repite ideas educativas que hasta un niño de dos años se da cuenta que su padre incumple.
Hay que tener empatía y saber ponernos en la piel de nuestros niños, sintiendo lo que sienten, la pena, el miedo, la alegría, los nervios. Si somos capaces de empatizar con sus emociones es mucho más sencillo comunicarnos y escucharlos, sobre todo cuando no son todavía capaces de expresar perfectamente sus sentimientos con palabras. No burlarnos, no provocar sus miedos, no azuzarlos, no exigirles que superen emociones que los paralizan, serán beneficiosas consecuencias de la empatía activa. Los entenderemos, pero sólo si nos atrevemos a sentir con ellos en vez de decirles como tienen que sentirse.
Añadamos a esto la indispensable flexibilidad de la que hay que proveerse. Solemos decir que NO cientos de veces al día a los niños, mientras ellos se mueven en espacios y tiempos irrespetuosos con sus ritmos y necesidades. Decir NO hay que decirlo, sobre todo al consumismo o a la violencia, pero hay que mantenerlo en su límite, y muchas veces, si reflexionamos, las cosas que no permitimos hacer en determinado momento podríamos haber accedido a ellas simplemente parando un momento, olvidando esa necesidad continua de actuar, y dejándo que los niños disfrutasen del momento. Es decir, seamos flexibles y sepamos distinguir lo verdaderamente importante de lo que podemos negociar con ellos. Y por supuesto, expliquemos nuestras negativas y límites del mejor modo adaptado a sus edades, los niños a los que se les explican las cosas terminan entendiéndolas. El “porque yo lo digo” es un argumento muy pobre. Y no fomenta el que los hijos nos respeten, porque el respeto se gana y no se merece por el simple hecho de ser los padres.
Y para terminar dejo lo indispensable: la paciencia. La paciencia que hemos perdido, la que les exigimos a los niños, la que ellos tanto necesitan de nosotros. Las rachas complicadas en los procesos de crecimiento de los niños pasarán con paciencia, empatía y amor. Los niños viven el ahora y esperar se les hace muy difícil, y mas difícil todavía el adaptarse a nuestras ausencias. Paciencia. Somos los adultos.
No me quiero dejar algo que creo que es casi innecesario mencionar: abrazos, besos y mimos que nunca se escatimen. Y todo el tiempo posible a su lado, conscientes, abiertos a sus necesidades emocionales y de juego. El amor nunca es en exceso.
Enn resúmen, para ser buenos padres hay cosas que no pueden faltar. No nos debe faltar el autocontrol, la coherencia, la paciencia, la flexibilidad y la empatía. Pero eso no bastará, pues ser padres es una enorme responsabilidad en la que además de educar a un hijo y acompañarle en su crecimiento, deberemos educarnos a nosotros mismos y crecer.
Claro le agregaria algo mas y que es indispensable, mucho AMOR.
sábado, 4 de julio de 2009
Consejos para padres de niños en preescolar
Por: Colorín Colorado (2007)
http://www.colorincolorado.org/articulo/14229Léales desde temprana edad y frecuentemente. Los primeros años son críticos para desarrollar un amor a la lectura para toda la vida. ¡Nunca es demasiado pronto para comenzar a leerle a su hijo o hija! Los siguientes consejos le ofrecen maneras divertidas para ayudar a que sus hijos se conviertan en lectores seguros y contentos. Intente diferentes consejos cada semana y vea cuales funcionan mejor.
Lean juntos todos los días
Lea con su hijo todos los días. Haga que este tiempo esté lleno de amor y cariño donde puedan abrazarse.
Póngale nombres a todo
Incremente el vocabulario de su hijo al hablar de palabras y objetos interesantes. Por ejemplo: "¡Mira ese avión! Esas son las alas del avión. ¿Por qué crees que se llaman alas?"
Dígales cuánto disfruta leer
Dígale a su hijo o hija lo mucho que disfruta leer con él o con ella. Haga de "la hora cuenta cuentos" la hora favorita de su día.
Lea con una voz amena
Léale a su hijo con expresión y humor. Use diferentes voces al leer. ¡Hágalo más divertido!
Sepa cuando parar
Guarde el libro por un tiempo si ve que su hijo pierde el interés o si le cuesta trabajo poner atención.
Sea interactivo
Discuta lo que esta pasando en el libro, señale cosas que suceden en la página y haga preguntas al respecto.
Lea una y otra vez
¡Adelante, léale a su hijo su cuento favorito 100 veces!
También hable sobre la escritura
Explíquele a su hijo cómo leemos de izquierda a derecha y porqué las palabras se separan por espacios
Señale cosas escritas a su alrededor
Hable acerca de las palabras escritas que haya en su entorno. Pídale a su hijo que encuentre palabras diferentes en cada paseo o salida que hagan.
Lleve a su hijo a que lo evalúen
Asegúrese de evaluar a su hijo lo antes posible por su pediatra o maestro si tiene dudas acerca del desarrollo del lenguaje, oído o vista de sus hijos.

